Me hice cargo de tu luz
que desde afuera
que desde afuera
es tan hermosa
me vi hundido en lo azul
de todo el cielo de Mendoza
Seguí la ruta y caminé
me vi hundido en lo azul
de todo el cielo de Mendoza
Seguí la ruta y caminé
cantando "A punto de caer"
Me hice imagen de tu cruz
cortando todo el viento Zonda
tu noche apareció preciosa
cortando todo el viento Zonda
tu noche apareció preciosa
y el día se mostró sin fin, sin fin...
(Lisandro Aristimuño)
Mates, charlas y risas con Naiko y Hernán en la banquina más desolada de la historia amenizaron el rato. Una camioneta con dos perros enormes frenó al fin y nos acomodamos como pudimos. En una hora ya habíamos cambiado de provincia y entrábamos triunfales y llenos de tierra a Uspallata. Era el momento de conocer a Chicha, después de tanto escuchar de ella. Chicha tiene un comedor para los pibes del barrio en el garage de su casa. Apenas nos ve llegar y nos escucha mencionar a Fer y al Colo nos llena de abrazos, mates y dulce de tomate y zapallo. Nos cuenta que cada vez es más dificil llevar a cabo su tarea y cuando le preguntamos cuantos chicos van al comedor, nos dice "poquitos, solo veintitres". ¿Sólo?. Increíble esta mujer, que no acepta ni un solo peso. Solo permite que le dejen mercadería para así hacer magia cada mediodía y llenar las panzas de los changuitos.
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Godoy Cruz, Maipu y Mendoza Capital gastaron mis zapatillas con sus plazas y museos. La clásica visita al Cerro de la Gloria y al Parque San Martín y su verde. El viento Zonda se hizo presente, embotando a los habitantes de la región, los cuales suspenden las clases y actividades administrativas ante su soplido. "Altera los reflejos", me comentó una maestra de Tunuyán que estaba sentada a mi lado en un micro. Luego de conocer el Kösten (viento oeste patagónico), o renegar con el viento norte por acá, la verdad es que ese chiflido desobediente y cálido del Zonda no me pareció tan violento. Pero lo más seguro es que ya acostumbrada al sopor rosarino me sentí un poco como en casa... Vaya uno a saber estas cuestiones de ventoleras.

El Puente del Inca también formó parte de mi itinerario, y con todo su esplendor, ya que la nieve se había decidido a caer ese mismo día llenando todo de blanco. En ese lugar no solo conocí a Giulio, turista italiano que tuvo que soportar mi charla toda la tarde, sino también a un hombre originario de Elortondo, en la provincia de Santa Fe. Ya hace veinte años que se gana la vida vendiendo piedras a los turistas y reconoció apenas me vio que yo no era material para su clientela, pero si para su historia. Cada mes va hacia las minas en busca de su mercadería y de a poco se ha ido mimetizando con su entorno, convirtiendose a primer golpe de vista en un montañés hecho y derecho.

(Lisandro Aristimuño)
La ruta había sido generosa. El camino al Parque Nacional EL Leoncito se abrió para los viajeros. En tandas fuimos llegando y ya despues de una increíble noche bajo un techo exageradamente estrellado salimos hacia un nuevo desafío. La ruta Barreal-Uspallata. Una cinta de ripio, dificil y poco transitada. Bueno, decir que es poco transitada es realmente ser muy generosa. Es un buen lugar para agudizar el oído ya que los motores se sienten desde varios kilómetros a la redonda. Pero el camino realmente vale la pena. La cordillera de los Andes enarbola su mejor perfil, dibujando una bandera con el cielo.
Movilizados, salimos para la ruta cada cual por su lado. Her salió rumbo a San Luis porque los chicos habían atropellado a un chancho salvaje (tal vez en inútil venganza por lo de la gripe porcina) y la vuelta se había complicado. Con Naiko salimos rumbo a Puente del Inca. Pero no llegamos más allá de Polvaredas. Así que decidimos hacerle caso a la publicidad que nos decía que no estaríamos en Mendoza hasta que tomásemos una Andes. Y convencidos gracias al marketing, asi lo hicimos.La ciudad de Mendoza nos recibió en plena campaña electoral, así que no pude comprobar su fama de limpia y pulcra. Pero es habitual en cualquier lado que los diferentes partidos se encarguen de ensuciar toda la ciudad con las sonrisas forzadas de candidatos, la mayoría impresentables. Igualmente, apenas llegué me di cuenta de que mi presentimiento era válido. Me iba a encantar este lugar. Y así fue.
Las nubes me impidieron ver al Aconcagua, el grandote de América, así que comprendí a tantos viajeros que se van de Chaltén sin ver al Fitz Roy. Pero con la vista del Puente rodeado de nieve, más el chocolate caliente y los churros, me vi más que conforme con mi breve pero productiva incursión en la imponente cordillera.
Así pasaron los días, entre Uspallata y Tunuyán, con amigos de Maipú y Godoy Cruz. Nombres que a partir de ahora ya tienen una entidad propia para mi, relacionándolos con colores y aromas de esos que quedan grabados. Un nuevo mojón en mis rutas. Cuyo, la provincia del sol, que aunque estaba nublado ni se notó...





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