La vida no se mide por las veces que respiras, sino por aquellos momentos que te dejan sin aliento...


Esta frase me llevó a pensar cuales son las cosas que me generan esa sensación. Y creo que son muchas, o por lo menos he tenido y tengo la suerte de experimentarlas. Lo que sigue es un pequeño listado de alguna de ellas. Si quieren saber, a mi me interesa conocer los momentos que los dejan a ustedes con el corazón reventando de vida, asi que si se animan, cuenten en los comentarios...

Estas son las mias:

  • el viento pegándome en la cara en alguna caja de chata
  • un beso así de grande de mi compañero de ruta y vida
  • esos abrazos de "hace mucho que no te veo" o de "hace cinco minutos que no te veo pero te lo encajo igual"
  • un fernet compartido con hielito de glaciar
  • la frenada del camión o quien te levante en la ruta, agarrar la mochi y los trastos y salir corriendo en su dirección
  • la carita de los pibes cuando se sorprenden de la magia de la vida
  • el agua golpeteando con toda su fuerza en alguna cascada
  • compartir una guitarreada y un vinito alrededor del fogón
  • ver como chisporrotean los ojos que rodean ese fueguito improvisado
  • un charla trasnochada sobre causas y azares
  • el baile y las canciones que quedaron como banda de sonido de mi vida
  • los chistes sin sentido que te descostillan de la risa
  • el matecito para el alma despues de caminar muchos kilometros
  • las voces queridas retumbando desde donde la vida los encuentre
Estos son algunos, un pequeño listado... pero es el mío. ¿Se animan a contarme el de ustedes?

Un fantasma en la ruta


Sol rotundo en la ruta costera misionera. Un cartel es nuestra única e inutil protección contra el rabioso febo. El desierto de Atacama debe ser más poblado, suponemos.

A la hora de semejante momento digno de merecer un lugar en la evaluación para futuros faquires, una vieja sombra se acerca. Camina despacio, arrastrando los años y su machete. Nos divisa a lo lejos y la curiosidad lo carcome.

¿Escarabajos vivientes? ¿Secta de masoquistas? ¿Alucinación vespertina?

Algo lo trajo, creo que el aburrimiento de unos cuantos lustros. Despacio, pero logró arrastrar sus huesos.

Don Pereyra se llamaba y acusaba 119 años, o 109. "No me acuerdo ya". Para el caso creemos que es lo mismo.

Habitante secular de un pueblo perdido entre el fuego.

"Una vez rescaté a una chica que se estaba ahogando. Era el héroe de la zona". Talvez había sido en la década del sesenta. Ya, al igual que su edad, era una dato que no conocía.

"Otra vez vino un periodista a sacarnos fotos a mi y a mi mujer, no hay nadie tan viejo como nosotros por acá". A juzgar por esos surcos que atravesaban su rostro, estamos casi seguros de que no hay nadie tan viejo en kilómetros a la redonda.

Ya agobiados por el sol y por tratar de entender sus historias mezcladas con el tabaco que escupía periodicamente, nos despertó con otro comentario... "Me comunico con el pensamiento, una vez hablé con el presidente de Estados Unidos y le dije que parara con la guerra del Golfo. Después el vino para acá a visitarnos y seguimos hablando, entonces la terminó".

Ya la edad, ni su figura mascando tabaco y machete en mano podría volver a sorprendernos. Después de una hora de monólogo ya parecía haber saciado sus interrogantes. Y ahi nos dejó, bajo el fuego y mirandonos boquiabiertos.

No había sido una alucinación provocada por el calor. Solo otro de los personajes increíbles que la banquina nos había regalado.

Insolados pero creo que conformes con la anécdota, buscamos entonces una cerveza helada y un micro que nos devolviera a otros lugares y a otras rutas.

Conjuros de una tarde de invierno...


A veces la vida se te llena de nudos, que parecen imposibles de desatar. Creo que el mejor modo de aflojar estos enredos es simplemente tironeando despacito de la soguita que los mantienen firmes y cortando el aliento. Pero eso es tan dificil de ver que por eso trato con este conjuro de escribir que mis manos me digan la solución. A quienes nos corre la tinta por las venas y que respiramos mejor con el viento de frente a veces los edificios nos nublan la mirada y no nos dejan llegar lejos...

No se que puede salir de estas palabras, creo que ya alguna vez comente que mis manos tienen más certezas que mi rulienta cabeza. Con los rulos externos me peino y los internos me enredan las ideas continuamente. Pero mis manos, estás si que saben lo que quiero.

Estas manos no solo teclean apuradas buscando conectar palabras que antes no estaban emparentadas, sino que con uno de sus hijos, el más gordito de la derecha, me llevan por todos lados, viajando y llenandome de esta tierra que me hace sentir un poco más viva. Estas manos que acarician, que suenan cuando la birome se aferra a ellas, largando chorros de tinta y sueños en una hoja amarilla arrugada por el mate derramado sobre ella, manos que algún día serán arrugadas y seguirán tratando de proteger a los que quiero. Manos que conjuran al miedo por medio de un juego de letras y signos de puntución...

Cuando la vida te pone un freno es que te quiere domesticar, te pega palazos, te cierra los ojos, te impide avanzar del modo que uno pretende. Es tan grande el desparramo de ideas que no es posible rescatar una y aferrarla para que no se escurra. El nudo se ajusta y nos olvidamos de todo lo que aprendimos alguna vez, lo que aprendimos caminando despacito, en alguna ruta olvidada, en una ronda de mates tibios o en algún beso trasnochado con gustito a libertad...

¿Cómo desajustar esos nudos? ¿Cómo evitar que el olvido de lo aprendido gane la batalla?

Este conjuro no lleva recetas brujeriles. Ni ojos de sapo, ni uñas de murciélago. Solo una mezcla de palabras, un poco de tierra en las comisuras, un fueguito y a mezclar eso con el viento que pega en la caja de una chata... Ese es el conjuro que mis manos imploran, el conjuro que ganará la batalla y desatará los nudos...

Porque los nudos no dejan respirar, porque los nudos no sirven, los nudos atan, los nudos atrapan... Y yo aprendí hace rato a caminar despacito... libre... por esos caminos sin edificios en el horizonte...

(gracias Her por la charla y esta inspiración, ustedes también son parte de este conjuro)

Tierra Tehuelche

Para inaugurar el nuevo diseño y tal vez ante la falta de ideas doy por inaugurada la sección "Revolviendo mis diarios de Viaje". Esto encontré en una de estas añosas hojitas escritas unos días después de mi llegada a Santa Cruz...


Chaltén, tierra tehuelche, tierra sagrada profanada por intereses limítrofes y económicos. Chaltén significa volcán, a causa de las nubes que continuamente rodean al mal llamado monte Fitz Roy, cerro huidizo de las miradas impunes, cerro que se hace esperar escondido detrás de un manto.

Tierra de viento oeste y sueños entremezclados. Tierra de viajeros errantes y buscadores de tesoros. Crisol de razas en constante recambio, rincón aislado donde todo puede suceder. Hay tiempo para todo y a la vez para nada. La ventolera no cede, las ideas se alborotan junto con el pelo. Es así, nada sucede del modo previsto y todo es tan cambiante como el clima.

Hay personas que llegan como espantadas de las luces de neón, en busca de un poco de calma patagónica. También hay muchos imantados por las grandes ganancias generadas por este oasis en el medio de una nada de glaciares y picos como agujas nevadas.

Otra particularidad es la grán variación de energías y la posibilidad de percibirlas con solo entrar a un lugar. Las emociones van desde la alegría más sincera hasta la desesperación más aguda... Y todo en cuestión de segundos. No hay manera de evitar eso, como así tampoco, evitar los miedos exaltados por las leyendas que cobran vida cada noche.

La gran mayoría de los que vienen a trabajar por la temporada se hospedan en el camping Guardaparque F. Madsen, en los arrabales del pueblo. Lugar de por si tétrico con ñires y lengas corroídos por hongos, que les dan un aspecto de humanos, de viejos retorcidos por los años. De a poco cada carpa va tomando una personalidad propia, a fuerza de nylons, piedras, troncos y cajones de verdura. Una especie de villa de emergencia de telas resistentes. la noche solo es un cúmulo de ruido a pasos, cierres, gotas sobre los cubretechos y carpas agitadas por la ventolera imparable...

Demasiado tiempo para pensar....


(una madrugada en la Patagonia, entre discusiones sin sentido al lado de una estufa)

Espacio en reparacion

Por cuestiones de la tecnología y esos embrollos este blog va a cambiar de aspecto en breve... Las historias no... siguen ahi en cualquier rincon de nuestras rutas...

En la cuna del Libertador

Yapeyú fue fundada como una reducción el 4 de diciembre de 1626 por los jesuitas Pedro Romero y Nicolás Durán Mastrillo, quienes le dieron el nombre de Villa de Nuestra Señora de los Santos Reyes Magos de Yapeyú o Nuestra Señora de los Tres Reyes de Yapeyú, pero creo que nunca nadie la llamó por su nombre completo... Para llegar a este pueblo hay que recorrer la ruta nacional 14 y adentrarse 7 km hacia el lado del río Uruguay. Definitivamente Yapeyú, además de ser de esos lugares que se repiten hasta el hartazgo en la escuela, es uno de esos pueblos que se pueden recomendar sin temor a equivocarse.


Saliendo de Virasoro, quedamos estancados muchas horas haciendo dedo, bajo un sol que no daba tregua en estas latitudes correntinas. Fue cuando Leo, un camionero de Tres Lomas, se apiadó de nosotros y nos dejó trepar al primer camión en mucho tiempo. Ibamos con destino a Santo Tomé, pero el aire acondicionado de la cabina y la buena charla nos hizo adelantar unos cuantos kilómetros más. Entramos al pueblo en una chata que sería la misma que nos sacaría de alli, rodeados de trabajadores golondrinas que estaban en un obraje en un campo cercano.

En Yapeyú la calle principal no se llama San Martín, como en casi todos los pueblos y ciudades del país, sino Calle del Libertador, la otra existe obviamente, pero es de tierra y corre paralela al río Uruguay. El trazado responde a todas las nomenclaturas posibles relacionadas con Don José. El pueblo mantiene un estilo colonial y parece suspendido en el tiempo, un aire de otras épocas se respira en esos lares...


El camping esta manejado por una pareja de alfareros y una antropóloga de Paso de los Libres, que día tras día recorren la costa en busca de restos guaraníticos y modelan y recuperan sus técnicas con distintos materiales. Gente muy agradable, a la cual no le pudimos negar sentarnos a tomar unos mates y escuchar toda una clase de historia bajo una refrescante galeria.

Creo que ese lugar era el único refrescante en kilómetros a la redonda. Corrientes hierve día y noche, las hormigas recorren amenzantes cada centímetro de suelo y nos recuerdan a los dibujos animados de la infancia, donde personajes como Popeye o la Pantera Rosa lidiaban con estos bichitos que parecían poder llevarse todo lo que estuviese a su alcance.


El Museo Sanmartiniano se encuentra en el Regimiento de Granaderos. Muchísimo material de archivo, no solo del Libertador sino de la reserva jesuítica, no solo la primera del país sino también una de las más importantes. También esta el museo Jesuítico, realizado en base a la forma hexagonal de los cerámicos de las misiones, y el Templete donde se conserva la que se supone sería la Casa Natal de Don José de San Martín. Cabe destacar que los museos y el templete son de entrada gratuita y el camping es a colaboración. Cosa nada desdeñable para el viajero, que aporta de otras maneras, pudiendo salir a comer o utilizando los demás servicios de cada lugar.


Ya llenos de un poco más de historia decidimos seguir viaje, aunque este pueblo en particular me enamoró. El calor de la ruta, que derretía la brea de los remaches (y esto es literalmente cierto ya que se me pegó la ojota en una de estas trampas caloríficas) nos esperaba, la ruta seguía y nosotros estabamos dispuestos a averiguar que venía despues...

En el centro mismo de nuestra tierra...

La propuesta marcaba un pequeñito punto en el mapa, un ignoto pueblo con nombre aborigen, casi mil kilometros después de mi puerta de calle. ¿Qué mejor manera de pasar la semana santa que alrededor de un fueguito y rodearnos e impregnarnos con el humo de los sueños?. No costó decidirnos, nueva parada en este viaje: Puelches, Provincia de La Pampa, Centro Geográfico de la Argentina.
Salimos desde San Nicolás, sabiendo que nos aguardaban largas horas de rutas, con combinaciones de rutas internas y posibles largas esperas en las banquinas. Pero a veces los caminos te tiran un hueso y aparece gente como Julian y Fabiana, quienes al escuchar que les respondíamos que ibamos a La Pampa, nos respondieron un increible: "Bueno, Vamos!!!". Muchos mates despues, pero pocas horas más tarde, ya estabamos de campera y metidos de lleno en la ventosa noche pampeana.
Apenas llegamos nos dimos cuenta de que todos en Puelches estaban esperándonos, bastaba nomás con caminar por el pueblo para que se nos acercaran y nos preguntaran cuándo llegaban todos, qué era lo que ibamos a hacer los mochileros y cientos de preguntas más. Desde los primeros momentos comenzamos a asombrarnos por la hospitalidad de la gente del lugar, muy ajena a la etimología del nombre, el cual significa "pueblo belicoso".
Tanto viento explicó rápidamente porque esta provincia pasó a formar parte de la Patagonia Argentina, por lo menos en esta región desertica que me recordó más de una vez a los áridos caminos de la ruta 3 allá bien abajo de nuestro país. Todo atisbo de arbusto asemejaba a un manojo de espinas atacando a quien tuviese la osadia de pasar cerquita sin pantalones largos o zapatillas. Cabe aclarar, que si mal no recuerdo alguna añeja clase de ciencias naturales allá en los nacimientos de la década del noventa, que en zonas tan secas las espinas son fundamentales para la supervivencia de las plantas. Pero basta de aclaraciones biológicas que poco vienen al caso.
Casi un día después de nuestro arribo comenzaron a acercarse las mochilas lentamente. Muchos estaban varados en General Acha, por lo que sus banquinas se ganaron un lugarcito en la mitología mochilera de pueblos complicados para la tarea del autostop. Ya a la mañana empezaron las entrevistas para los medios de la región, a cada rato venía el comisario o la dueña del super a reclamarnos que alguna radio andaba con mil preguntas. Así que una vez más Autostop Argentina tuvo su espacio en la prensa.

Llegar a estos pueblos, tan alejados del circuito turístico, y recibir la increíble calidez y calidad humana de sus habitantes, nos recuerdan cada vez porque nos sentimos tan bien al llegar. Con nuestras mochilas asemejando ser unos escarabajos gigantes y ante la pregunta de adonde nos dirigimos responder "vinimos a conocer acá", cuando hasta la misma gente cree que en su lugar no hay nada y nos mira como alienados, es algo impagable, que ninguna empresa del ramo viajero que puede ofrecer por más guita que uno ponga... Cosas de la ruta y de este modo de viajar tan particular...
"Derribando Mitos", podríamos llamar a este párrafo. El versito archiconocido de "La pampa tiene el ombú" es solo una fantasía. Bah, un ombú hay, en una plaza de Santa Rosa, que no difiere mucho al que hay en Santa Fe capital o en la ciudad de Corrientes. El arbol originario de la provincia es el Caldén, así que es hora de cambiar la linda rima. El caldén, o Prosopis caldenia (tengo un día terrible con las ciencias naturales), es una especie leñosa que se disemina gracias al traslado de sus bayas en los intestinos de las vacas. Un poco asquerosito, pero asi es el proceso. Cada uno se reproduce como puede.

En camión y con el intendente al volante nos fuimos a recorrer la zona de las lagunas La Dulce y La amarga y despues de un intervalo alimenticio partimos hacia el Parque Nacional Lihue Calel, reservorio de agua de la región. Luego de la charla del guardaparques rumbeamos despacito hacia la punta de aquel cerro, donde nos esperaba un taburete para las fotos y una vista de esas que te hacen sentir que vale la pena el esfuerzo de la trepada.

Cuando el día se va yendo, y como corresponde en todo encuentro de almas viajeras, se va armando el fueguito con las pocas ramas que hay en la zona. La casualidad hizo que justo hubiese un cumpleaños de quince en el salón contiguo del polideportivo donde nosotros esperabamos las pizzas a la parrilla, o mejor dicho, a la reja. Mientras tanto, y sin desmerecer las pizzas que estaban increíbles, babeábamos cual perro de Pavlov ya que al lado de estaba haciendo lentamente un asadazo que pintaba riquísimo. Por suerte al rato el asador se apiadó de nosotros y nos regaló unos cuantos pedazos de vacío, que estoy segura eran de los más tiernos que probamos todos. Luego con la panza llena unos cuantos mochileros se apropiaron del cumpleaños, bailoteando hasta entrada la madrugada.

Ya era hora de partir, pero la ruta estaba más desierta que la peatonal rosarina en una siesta de enero. Asi que otra vez en el camión municipal nos dirigimos un grupito hacia las salinas de San Máximo, donde jugamos y nos lastimamos con los cristalitos salados (que más de uno hicimos lo previsible, meternos un granito en la boca). Después de visitar esa blancuzca inmensidad ya estabamos listos para volver. Pero aún la gente de Puelches nos tenía otra sorpresa...
Ya en la ruta y bajo un fuerte sol, esperabamos que pasara algun vehículo y nos llevara hacia otros horizontes. Justo en eso estábamos cuando uno de los chicos llegó y nos avisó que estabamos invitados a un asado!!! Las caras de felicidad de todos, cumpliendo el sueño de todo mochilero, que ha sabido cultivar su fama de muerto de hambre, era terrible. Asado, papas, cerveza y sidra eran blanco de nuestras manos llenas de tierra. Era un buen corolario para esos días increíbles en el medio de nuestro país...
Era hora de volver a casa, esas casas de material que habitamos cuando no vivimos en nuestras carpitas, en medio de algún pueblo ventoso, con algo de lluvia haciendo ruidito en la lona, o con la condensación de la mañana, pero envueltos en esa libertad que solo nos la puede dar ese camino... el camino que nos lleva hacia cualquier lugar, pero donde seguro tenemos un abrazo esperando, una sonrisa y un mate o un vino que nunca para de dar vueltas...

Algunos videos que grafican tanto palabrerío:


Caminando en la nada pampeana...



Un poco de viento para no extrañar el Chaltén...




Asaditooooooooooo!!!!!!!!!!